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Selección Española, del cielo al infierno (1984-1999) 

Quinta parte: Olimpiadas Seúl 88

Por Ignacio Yebra



La Olimpiada de Seúl fue la cita en la que todo lo malo que venía apuntando el equipo nacional desde Stuttgart explotó en el peor momento, en el partido más inoportuno... como todo lo visto los años anteriores hacía vaticinar. Para meterse en la Olimpiada coreana, la selección tuvo que afrontar un preolímpico durísimo (creo recordar que en Holanda) en el que sólo había tres plazas y no hacía falta ser un lumbreras para imaginarse que la URSS y Yugoslavia ocuparían las dos primeras y que la tercera estaría entre Italia, Grecia y España.


La prueba era durísima, ya que el potencial de italianos y helenos, con gente como Galis, Yannakis, Fassoulas, Cristodulu, Magnifico, Riva, etc... en sus filas se presumía como un durísimo escollo para las pupilos de Díaz Miguel, que contaba con la participación de un mermadísimo Epi.

El Equipo que presentaba España tampoco era precisamente una tontería. Así de memoria recuerdo a Solozábal, Montero, Llorente, Villacampa, Margall (que volvía al equipo por petición expresa del seleccionador), Ferran, Epi, Morales, Biriukov, Antonio Martín... un muy buen equipo.

A la hora de la verdad, la URSS y Yugoslavia cumplieron a la perfección con el guión prestablecido, lo que hizo que de los enfrentamientos directos entre España, Italia y Grecia saliera la tercera seleccíón... y la resolución no pudo ser más rocambolesca.

Italia ganó por un punto de diferencia a España en ese partido con el que Nacho Calvo tanto dió la brasa a Montero cuando ambos fueron comentaristas en el Europeo del 2001. Sí, ése en el que Montero, que hasta entonces llevaba una serie inmaculada de tiros libres, falló el lanzamiento que nos hubiera llevado a la prórroga. Resulta incluso un tanto irónico recordar ahora a los italianos abrazándose al acabar el partido, como dando por hecha su clasificación... cuando la realidad es que en los siguientes días España ganó a Grecia de 10 puntos (por entonces, éramos la bestia negra de los Galis y compañía) y ésta a Italia por una diferencia inferior, lo cual propiciaba un triple empate que permitía a España defender (es un decir) su medalla de plata angelina, algo que fue calificado por Díaz Miguel como "una proeza".

Una vez en Seúl, la selección se vió emparejada con EEUU, un par de selecciones de medio pelo (creo que China y alguna otra), Canadá y Brasil. En el otro grupo quedaron encuadradas la URSS y la Yugoslavia.


España contra Brasil

Antes de empezar el campeonato, prácticamente todo el mundo daba por supuesto que los estadounidenses se harían una vez más con el oro y que entre soviéticos y yugoslavos estarían la plata y el bronce, con tendencia a suponer que sería para los de Gomelski. Así pues, el objetivo de los Díaz Miguel era lograr meterse en semifinales y lograr un cuarto puesto que, sin duda, sería celebrado como un gran logro. El camino para conseguirlo pasaba ineludiblemente por eludir en el cruce de cuartos a los dos gallitos europeos, lo cual implicaba que había que quedar segundo de grupo... es decir, que había que ganar como fuera a Canadá y Brasil, nuestro verdugo en el mundial de España.

Pues bien, España empezó la Olimpiada siendo vapuleada por la USA de David Robinson, que nos ganó de más de 40 puntos. No pasaba nada, era un resultado más que esperado. Lo realmente inesperado fue el resultado de la primera jornada del otro grupo, en la que la Yugoslavia de Petrovic se imponía con relativa comodidad a la URSS del renqueante Sabonis con numerito burlesco del de siempre.

Luego vinieron dos victorias también muy sencillas para España antes de llegar a los dos partidos clave (Barthe lo comentaba en tono muy jocoso "es curioso esto de saber que vas a perder el primer partido de 40, que luego vas a ganar los dos siguientes también de 40 y que a partir del cuarto partido empieza realmente lo bueno"). El primero, ante Canadá, se ganó con una cierta solvencia al ganar por unos 10 puntos pese al recital ofensivo de un tal Tileman que trajo en jaque a los jugadores españoles durante los 40 minutos.

Y llegaba el partido (a priori) clave. No se respiraba precisamente optimismo alrededor de la selección antes del enfrentamiento contra Brasil. Aún estaba muy fresco el recuerdo del repaso que los cariocas nos habían dado dos años antes y la verdad es que los de Óscar daban miedo… pero mira por donde que ese día la selección realiza su mejor partido de los últimos 4 años, con un Jiménez incisivo, unos Solozábal y Montero lúcidos y un Margall magistral que da réplica al bombardeo exterior al que nos somete mano santa. Hay un momento de la segunda parte en la que recuerdo que entre ambos encadenan no menos de 4 o 5 triples consecutivos. Un partido espectacular que acaba con victoria hispana por 8 puntos de diferencia, lo que hace que la euforia se desate, ya que se ha conseguido eludir a los dos cocos del otro grupo en cuartos y el rival será la Australia de Andrew Gaze, el rival que todos queríamos.


Gaze tras ganar a España

Aquel partido de cuartos de final es uno de los recuerdos más dolorosos que este deporte que tanto adoro me ha dado. Con una ilusión desmesurada me levanté para ver el partido un día entre semana a las 7 de la mañana a mis tiernos 13 añitos. El desarrollo del choque es muy igualado, pero desde el principio se ve a los españoles agarrotados, faltos de confianza, en una metamorfosis colosal con respecto al grupo correoso y pleno de fe que nos había ilusionado un par de días antes. En el descanso, con el marcador igualado, Olga Viza le preguntó a Matías Prats Jr. como veía el partido y si le sorprendía verlo tan ajustado, a lo que el presentador y comentarista responde que sí, pero que confía que España marcará diferencias en la segunda parte, pero lo cierto es que nada de eso sucederá, ya que al poco de reiniciarse el coche, los australianos se marcharán de 10 puntos, una diferencia que resultará a la postre insalvable.

Recuerdo que tuve que irme al colegio sin poder acabar de ver el partido y le dije a mi madre que la llamaría desde la cabina de al lado del mismo. El trayecto hasta el colegio, que solía tardar en recorrer unos 25 minutos, lo hice ese día en menos de 20 y al llegar, llamé a mi madre y su respuesta fue “Espera un momento que ahora tira un triple Margall… nada, ha perdido España”. Se me vino el mundo abajo y me fui a clase con una mezcla de desolación y cabreo tremendos. Probablemente la primera vez que sentía algo así por un resultado deportivo.

Con todo, aquello no fue lo peor, ni mucho menos. Lo peor fue la imagen vergonzosa que dio el equipo en los dos choques siguientes, en los que se perdió contra Canadá sin opción a ganar y en los que se regaló el último partido contra Puerto Rico cuando un triple de Epi hacía pensar en la vistoria antes de que un puertorriqueño (¿Morales, quizá?) anotara otro que nos mandaba al octavo puesto, al furgón de cola de los equipos de arriba. A un lugar vergonzoso que, lamentablemente, ocuparíamos con bastante frecuencia a partir de entonces, en los que la pérdida de papeles de antonio Díaz Miguel se hará ya indiscutible.

Fuera de la participación española, la sorpresa saltó en la semifinal que enfrentó a USA y a la URSS, con victoria soviética, lo que dejaba a los americanos fuera de una final olímpica por primera vez en su historia… y de paso sembraba la semilla para el nacimiento del inigualable Dream Team de 4 años después.

Ya en la final, Yugoslavia arrancó con fuerza, pero en el segundo tiempo, el temple de Kurtinaitis, Marciulionis y, sobre todo, de un imperial Sabonis daban la medalla de oro a los de Gomelski en un final de partido en el que las buenas maneras de Petrovic se volvieron a poner de manifiesto al agredir a Sabas en la recta final del partido cuando el asunto ya estaba imposible para los plavi. Los hay que no saben ni ganar ni perder.


Fotos de Andrew Gaze








Por Ignacio Yebra

Copyright © por Club de Baloncesto P69 Derechos Reservados.

Publicado en: 2005-12-08 (2611 Lecturas)

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