Es febrero mes dado a la alta competición baloncestística, de ahí que el rendimiento de los jugadores del P haya sido primoroso en cuanto a asistencia y buenos deseos. Pero en cuanto al juego ha sido más desigual.
La pregunta que se hacen los asistentes, o al menos eso dejan traslucir sus semblantes, es casi una reflexión:
- ¿Cómo es posible que teniendo la facultad innata del buen juego de conjunto y esta técnica depurada en lo que son las artes básicas (pase, bote, tiro, entrada) del ataque fluido, falle constantemente? y
- ¿Cómo es posible que mi sola presencia defensiva no intimide al atacante y éste se me escape continuamente (aunque luego falle en función de la primera cuestión)?
Contestar estas cuestiones parece cometido fácil para la prosa , otras veces certera y enjundiosa, del cronista. Pero debido a su actual dispersión capilo-facial , directiva y personal lo antes fácil se ha tornado complejo y la fluidez se ha transformado en una plúmbea sucesión de pensamientos comunes que hacen (pásmense) que esta crónica de síntomas de eternizarse en el escritorio (lleva desde el 23 de febrero en marcha).
Parece que una autoestima elevada puede contestar las preguntas que se formulan internamente los jugadores reflexivos, pero a ello hay que añadir el oficio y la veteranía que , sin dudarlo, son señas de identidad del P, que no debemos confundir con malos hábitos o estridentes atuendos (que de todo hay).
Buscando nuevos alicientes que alimenten el contenido “crónico” se ha constatado que las razones del subjetivismo en el análisis de los propios méritos nos aleja de la posible mejora. Este es un rasgo muy característico de las sociedades autocomplacientes, pero conviene llamar la atención sobre los riesgos de no arriesgarse y acomodarse al actual acomodo. Reivindiquemos, pues, la mutación como antídoto al encasillamiento en el juego. Pero la mutación inteligente y no la simple acumulación de fetiches en la equipación o de frases hechas en la tertulia.
Alejándonos pues de la palabrería probemos, sin más, este jueves a dejar lo accesorio en casa o en el vestuario, y expongámonos al viento de los conflictos.
¡¡Viva la ética pesesentaynuevista!! ¡¡Viva el P69 y las torrijas!! ¡¡Viva la ropa grasa y el taller "descoda"!! ¡¡Vvia el claqué londinense y la contradanza irlandesa!! ¡¡Madre no hay más que una, pero Padres no hay más que dos!!