¡¡CRÓNICA!!
Fecha 03 Feb 2015 a las 11:06
Tema Crónicas


El pasado jueves, día 29 de enero de 2015, fuimos a entrenar en el triángulo dorado ni más ni menos que trece hombres, entre completos e incompletos. Allí estuvieron: Leñeza angulosa; Erdogan imperial; DuncaBM.; Artaajustado; Talisman Argo Cañadas; Cepo embutido; Camisetes muches; Dimes y tapetes; Ralph Lengton; Reboleras clásicas; Masto gemelar; Karl Ingles; Mc Clure friend.

Con estos mimbres se entrelazaron diversos partidos con resultados muy diversos, dada la rotación que con trece buenos jugadores se puede hacer, según las reglas que gobiernan nuestras exhibiciones.¡Las reglas del P! nunca escritas y siempre respetadas por una tradición oral y gesticular que, generación tras generación, supone un patrimonio cultural de valor calculable:¡¡69!!

Los partidos dejaron algunos lances dignos de mención objetiva y sensaciones personales muy subjetivas. Sería largo relatar todos los de carácter meritorio que se sucedieron sin pausa, pero conviene relatar al menos uno que permite extraer alguna enseñanza relativa al juego y , por extensión, a la peripecia vital. La enseñanza es que el que la sigue la consigue ¡a veces! o, mejor quizás, que la meditación y la visualización permite mejorar las capacidades personales ¡otras veces! O …que lo breve si bueno …¡breve!. Me explico: corría el minuto 12 del entrenamiento (algunos jugadores también corrían) cuando se confabularon todas las circunstancias favorables para que se produjera el suceso…¿qué suceso? Pues… ¡¡la más fina rebolera del Arapahoe del desfiladero!! La práctica durante lustros del lance se plasmó con una ingravidez casi eterna que permitió a Fran Jaas suspenderse algo más de lo habitual en el aire y así gestionar un giro exagerado, pero esencial, de la cadera que le permitió extender todas sus extremidades de forma armónica para impulsar la esfera e introducirla en el aro y decantar la victoria hacia sus huestes. Ahí es nada, pero es mucho.

Sería justo seguir con el resto de hazañas que nos dejó la noche y relatar el condumio “tuberculario” que nos festejó en el club social, pero hoy sólo menciona la crónica este hecho lo que permite al cronista recuperar sensaciones literarias para superar la crisis de escritura y trasladar este nuevo estado de actividad al campo dorado donde espera recuperar sensaciones más allá de la pensada lentitud y el recuerdo del supuesto buen lanzamiento.

El P vuelve a sus crónicas porque son santo y seña de su existencia y esta se termina con una vocación de continuidad y oportunidad.

¡¡VIVA EL P!!








Este artículo proviene de Club de Baloncesto P69
http://p69.webcindario.com

La dirección de esta noticia es:
http://p69.webcindario.com/modules.php?name=News&file=article&sid=275